Semáforo nutricional en los alimentos.


 

 ¿QUÉ ES EL “SEMÁFORO” DE LA ALIMENTACIÓN? 

 

 EL CONSUMO DE ALIMENTOS CON UNA COMPOSICIÓN NUTRICIONAL INADECUADA ES UNO DE LOS PRINCIPALES FACTORES QUE HACEN QUE LA SOCIEDAD DE LOS ÚLTIMOS TIEMPOS, TENGA UN PORCENTAJE DE PERSONAS OBESAS MUY ELEVADO. Y POR TANTO, PROPORCIONALMENTE AUMENTE DE FORMA CONSIDERABLE EL DESARROLLO DE ENFERMEDADES RELACIONADAS CON EL SOBREPESO (DIABETES, HIPERTENSIÓN, COLESTEROL…). SEGÚN DATOS DE LA OCDE (ORGANIZACIÓN PARA LA COOPERACIÓN Y EL DESARROLLO ECONÓMICO), EN ESPAÑA, LA TASA DE ADULTOS OBSESOS SUPERA LA MEDIA. YA QUE UNO DE CADA 6 ADULTOS ES OBESO, Y MÁS DE 1 DE CADA 2 TIENE SOBREPESO. SI TOMAMOS COMO REFERENCIA A LOS NIÑOS, EL 26% DE LOS VARONES Y EL 24% DE LAS NIÑAS TIENEN SOBREPESO.

 

Como una de las posibles causas de la obtención de estos datos es que, a la hora de comprar en el supermercado, en muchas ocasiones, tenemos dudas acerca de la calidad nutricional de los alimentos que compramos. Para resolver este problema, en algunos países, como pueden ser Inglaterra o México, han implementado una nueva forma de informar, concienciar y educar a la población acerca de la composición nutricional de los alimentos. El medio elegido para tal fin, ha sido la implantación de un semáforo de la alimentación en los productos que podemos comprar en el supermercado; de este modo, se facilita la selección de los alimentos más saludables.

 

La metodología utilizada es similar a la empleada en el semáforo de las Señales de Circulación. Según los colores contenga nos indica:

 

  • – Verde: son los alimentos que se pueden consumir de forma habitual.
  • – Naranja: son los alimentos que hay que consumir de forma moderada.
  • – Rojo: son los alimentos cuyo consumo debe consumirse de forma ocasional.

 

Para su mejor visualización, este semáforo alimenticio se sitúa en la cara principal de los envases de los alimentos. Respecto a los factores que influyen en que el alimento tenga un color u otro, depende del contenido nutricional del mismo. Por ejemplo, aquellos alimentos con contenidos elevados de sal, azúcares y grasas saturadas tendrán color rojo, indicando que su consumo debe ser de manera ocasional.

 

Esta iniciativa fue el resultado de una extensiva investigación entre consumidores, con la participación de productores de alimentos, supermercados, consumidores y público en general. Esta es una forma simple y fácil de hacer políticas de prevención de la obesidad y un medio de educación nutricional.

 

 Semáforo nutricional en los alimentos: ¿sí o no?

 

En algunos países ya se usa para informar si el contenido calórico, de grasas, azúcar y sodio es alto, medio o bajo. Una ONG pide implementarlo en el país pero no todos están convencidos de su eficacia. La opinión de los nutricionistas.

 

Rojo=Pare. Amarillo=Precaución. Verde=Adelante. Pocos códigos se encuentran tan internalizados como el del semáforo. Algunos países decidieron trasladar ese conocimiento al frente de las etiquetas de los alimentos para informar si el contenido calórico, de grasas, azúcar y sodio es alto, medio o bajo. Especialistas consultados por Clarín coincidieron en que un cambio en el perfilado nutricional no es tarea sencilla, no sólo por los intereses comerciales que rondan el tema, si no porque una simplificación extrema podría provocar confusiones y desalentar la ingesta de productos necesarios para una alimentación completa y saludable.

 

En la solicitud elevada al Ministerio de Salud el mes pasado, Consumidores Costarricenses argumenta que el etiquetado actual “es muy difícil de entender para la mayoría de las personas” por lo que propician un cambio por uno “más fácil y rápido de entender”. ¿La propuesta? Que el país adopte el sistema de semáforo nutricional, como el que se usa en el Reino Unido desde 2013 y que Ecuador instauró el año pasado. “Es un etiquetado intuitivo, sencillo, riguroso y práctico, avalado científicamente, aplaudido por los consumidores y rechazado por la industria. Consiste en determinar la cantidad de energía, grasas, azúcares y sal que contiene un alimento, compararlo con las cantidades máximas recomendadas y otorgarle un color a cada cifra en función de si está lejos, cerca o muy cerca de ese límite”, explican dese la ONG que inscribe su pedido en el marco de una campaña lanzada porConsumers International, una entidad que nuclea a asociaciones defensoras de usuarios.

“La única dificultad técnica estriba en determinar qué cantidades marcan el cambio de color de uno de esos ingredientes que hay que controlar”, dicen en CA. Pero no se trata de una dificultad menor. “El problema es que, si bien la idea es aclarar el panorama del consumidor, no siempre se logra pues al clasificar por nivel de contenido, por ejemplo el aceite de oliva queda en categoría alta de grasa y en rojo con la intención de que sea más claro”, apunta Mónica Katz, directora de la carrera de médico especialista en Nutrición con orientación en Obesidad de la Universidad Favaloro. "No hay posibilidad de simplificar el rotulado sin dos riesgos, que están emparentados: que de tan simple termine siendo confuso y lleve a excluir alimentos saludables y, en consecuencia, se caiga en carencias nutricionales por decisiones basadas en el semáforo".

 

El semáforo está bueno como metodología, pero tiene sus fallas

 

Esteban Carmuega, director del Centro de Estudios sobre Nutrición Infantil (CESNI), coincide con Katz: “Nos parece que muestra la mitad de la película. El 80% de la población argentina no consume la cantidad recomendada de lácteos y tiene ingesta de calcio baja, entonces ¿cómo hace uno para promover un aumento cuando se les pone un semáforo rojo porque tienen un poco de grasa?”. 

En el CESNI analizaron más de 60 perfiles nutricionales publicados y en uso a nivel mundial. Seleccionaron los mejores y se los aplicaron a una base de datos de 2.500 alimentos para ver si quedaban más cerca del rojo o del verde. Los resultados para un mismo producto fueron diversos y las diferencias responden a los criterios que se hayan usado para elaborarlos (tamaño de la ración evaluada, límite establecido para el cambio de color, si se elige tomar las grasas totales o las saturadas, etc.). “No es menor qué se elige de acuerdo al patrón de alimentos consumidos por cada país. Claramente los perfilados tienen que testearse para ver qué promueven y qué dejan de promover”, afirma Carmuega.

 

“Si yo al consumidor le muestro dos alimentos y los dos tienen en rojo la sal, en realidad no le estoy diciendo cuál es el mejor de los dos”, opina la licenciada en Nutrición María Hernández, encargada de realizar el estudio. “Hay que rescatar que el semáforo está bueno como metodología porque es claro para todas las edades y para cualquier consumidor, pero tiene sus fallas. Habría que encontrar la forma de aplicarlo de manera que evalúe el alimento en forma global”.

 

Se está trabajando en la declaración cuantitativa de ingredientes y alergenos

 

Los cambios que se vienen

El sobrepeso y la obesidad crecen a ritmo alarmante a nivel mundial. Patrones de consumo poco saludables sumados a un sedentarismo propiciado por el uso constante de pantallas no hacen más que acrecentar el problema del exceso de peso y la carga de enfermedades crónicas no transmisibles derivadas de él (diabetes, hipertensión, complicaciones coronarias). Si bien son temas que atañen de lleno a la salud pública, el tema del perfilado nutricional no es una cuestión en la que el Ministerio de Salud pueda tomar decisiones en forma unilateral. “Las normas de rotulado de alimentos se encuentran establecidas en elcapítulo V del Código Alimentario Argentino (CAA) y cualquier modificación debe hacerse a través de la Comisión Nacional de Alimentos (CONAL). Con lo cual, cualquier tipo de propuesta de modificación debería ser presentada a ese nivel, tanto por un particular, privado o un organismo del Estado”, explica a Clarín Celina Moreno, responsable del área de Nutrición y Educación Alimentaria de laDirección de Agroalimentos del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca.

 

Salvo casos específicos, añade Moreno, las normas de rotulado de alimentos están armonizadas a nivel Mercosur. Actualmente se está trabajando en la actualización de algunos de esos procedimientos como el tamaño mínimo de la letra y la incorporación de la declaración cuantitaiva de ingredientes y de alergenos. "A la fecha no se ha incluido la posibilidad de añadir la imagen de un semáforo como herramienta de comunicación, lo cual no quiere decir que no hay interés, sino que resultan temas muy extensos de debate y para lo cual debe concluirse uno para comenzar con el siguiente".

 

 

Etiquetas ignoradas

Consumers International afirma que la incoporación de un etiquetado que ayude a los consumidores a interpretar “de manera rápida y fácil” el valor nutricional de los alimentos envasados los ayudará a elegir alimentos saludables y así se evitarán enfermedades relacionadas con la dieta. Habrá que ver qué ocurre si se concreta el cambio. Por el momento, lo que recogen los nutricionistas en el consultorio es que sus pacientes compran sin mirar las etiquetas. “No las leen, ni las comprenden, ni las usan, por lo menos quienes más lo necesitan”, dispara Katz, y agrega: “aisladamente, ninguna gráfica será eficaz salvo que se la acompañe de campañas de educación transversales”. 

Romina Sayar, vicepresidente de la Asociación Argentina de Dietistas y Nutricionistas Dietistas considera que a los rótulos hay que saber leerlos e interpretarlos y que la planificación de campañas en medios de comunicación, redes sociales y la inclusión del tema en currículas educativas sería de gran ayuda. “Es tarea de los nutricionistas realizar este tipo de educación alimentaria día a día para que las personas puedan ser capaces de seleccionar alimentos más saludables y sepan medirse respecto de las cantidades o porciones a consumir en caso de que no sea tan saludable”. 

 

Y Carmuega concluyó: “Cualquier sea el racional del etiquetado, tiene que tener un código de comunicación con el consumidor testeado, validado y aprobado por todos. El diseño tiene que estar pensado para que sea rápidamente comprendido, cualquiera sea el modelo (semáforo, sí y no, o uno nuevo). Lo que no se puede hacer es tomar a la ligera una medida de salud pública tan relevante como es el perfilado nutricional, que requiere una discusión profunda, abierta y multidisciplinaria”.

 

El semáforo, por ahora, con luz amarilla.